Una vez dormido/a, te insertarán un tubo flexible con una cámara (endoscopio) por el ano.
Desde allí, el endoscopio irá recorriendo el intestino grueso para ver si existen pólipos adenomatosos que son como verrugas que están pegadas a la pared del colon y que pueden convertirse posteriormente en un tumor maligno.
Un paciente puede tener pólipos y nunca darse cuenta hasta que se realiza la colonoscopía. En cambio, hay otros casos en los que sí da síntomas. Estos son:
• Sangre en las heces, que puede ser roja o más oscura.
• Dolor abdominal
• Sensación de que el intestino no se vacía por completo
• Cambios persistentes en los hábitos intestinales
• Pérdida de peso sin causa aparente.
De encontrarse con pólipos y dependiendo del tamaño, la cantidad y su ubicación, pueden extirparse con el mismo endoscopio durante el procedimiento.
Luego, el material removido se envía a analizar y de acuerdo al resultado, se determina cuándo será conveniente repetir la colonoscopía a modo de control.
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